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Probablemente el debate sobre si los anglicismos son buenos o malos se perdió cuando alguien advirtió que “Bar” era uno de ellos. En la Marca España figura un bar, seguro. Y puestos a ser sinceros no suena lo mismo entrar en un bar que en una taberna.  A partir de ahí cabe  plantearse cuándo el anglicismo deja de explicar un término para empezar a emborronarlo.

Las nuevas tecnologías están generando una cascada de conceptos que hay que incorporar a nuestro vocabulario a una velocidad que no es capaz de alcanzar nuestra lengua común, ni la de nadie.

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Puestos a traducir…

Las nuevas tecnologías están generando una cascada de conceptos que hay que incorporar a nuestro vocabulario a una velocidad que no es capaz de alcanzar nuestra lengua común, ni la de nadie. Dudamos que en China o en Alemania estén buscando un término en su lengua para sustituir “Trendtopic” o “Hashtag” por ejemplo. Son términos que no existían antes, porque  nacen con un nuevo uso y sirven además para unificar conceptos reconocibles en Asia y en Europa por seguir con los paralelismos.

Autor Forges: El País

Siempre Forges

Luego está el toque cañí. La adaptación del término en español. Tuitear o guasapear son adaptaciones patrias que pronto podríamos ver incluso en el diccionario de la RAE. Tenemos fe en que los señores académicos no se sientan tentados jamás de incluir ¨”printear” o “downlodear“, ni siquiera “linkear”  Hay que amoldarse a los tiempos y economizar palabras pero corremos el riesgo de querer crear una palabra con cada empresa que triunfe en la red.  ¿Buscar en la red es “Googlear”? ¿Un fotógrafo que usa la red  “Instagram” es un “Instagramer”? ¿Si cuelgo un trabajo en Vimeo soy un “Filmaker”?  Hay una delgada línea entre hablar un mismo código y ser un esnob (¡Vaya! ¡Otro anglicismo!)

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