SGAE: ¿Estrategia? ¿Qué estrategia?

Primero el dato: la SGAE  es la entidad más odiada por los españoles. Al menos por los usuarios de Internet que, todo hay que decirlo, han hecho de esta organización su enemigo número uno. Ustedes comprenderán que una imagen tan nefasta como la que se  está extendiendo en torno a una marca llame la atención de Woll.

Como en otras cuestiones que hemos decidido abordar desde el punto de vista de la comunicación, nos sustraemos al debate de si es justo o no que los gestores de los derechos de autores y editores recauden de una forma o de otra. Ni siquiera vamos a tomar parte en el acalorado debate del canon digital. Vamos a preguntarnos, simplemente, por qué la SGAE tiene tan mala imagen y cuál es la estrategia comunicativa que lleva a cabo para subvertir la situación.

Estamos ante una empresa que no vende nada pero que cobra por todo. Una percepción con la que no estarán de acuerdo los gestores de la entidad pero que impera entre los ciudadanos.

Por eso nos preguntamos: ¿Qué “vende” la SGAE? La respuesta nos la da un breve un repaso por las noticias sobre la entidad. Estamos ante una empresa que no vende nada pero que cobra por todo. Una percepción con la que no estarán de acuerdo los gestores de la entidad pero que, desgraciadamente para ellos, es la que impera entre los ciudadanos. 

Todos se ponen de parte del más débil

La SGAE no ha sabido desprenderse de su imagen de entidad recaudadora, y los recaudadores de impuestos no han sido nunca bien vistos desde mucho antes de Robin Hood. De hecho, la segunda entidad peor vista por los españoles es Hacienda.

Siguiendo con los paralelismos del cuento del famoso arquero, la entidad aparece poderosa frente a los pequeños internautas que tan sólo quieren acceder a unos contenidos de forma gratuita, o sin pagarlos de forma indiscriminada. En este cuento el malo de la película será siempre el sheriff de Nottingham, o sea la SGAE.

A partir de ahí una estrategia de comunicación pasiva impide que se contrarreste el goteo de informaciones que no hacen más que resaltar la voracidad recaudatoria de la entidad: “La SGAE quiere cobrar en las bodas…”, “La SGAE pide el canon a las tunas…” “La SGAE exige el pago por un festival benéfico para un niño enfermo…”

¿Cuánto gasta la SGAE en publicidad al año? ¿Recuerdan algún rostro amable que la represente y que hable de valores en vez de leyes?

Ya dijimos en otra ocasión que uno de los activos más importantes para las empresas es su propia imagen. Si cuantificamos la inversión necesaria en publicidad y comunicación que una entidad debe desembolsar para restaurar el daño infringido en la marca por noticias como éstas, probablemente nos saliese más a cuenta anunciar que la SGAE donaba los recaudado al niño enfermo, al festival de tunas y a la lista de bodas a cambio de que, por ejemplo, aparezcan sus siglas en los carteles (pero nunca, nunca, en las invitaciones de boda).

Ahora, más preguntas. ¿Cuánto gasta la SGAE en publicidad al año? O mejor aún, ¿recuerdan alguna campaña publicitaria de la SGAE? ¿Alguna acción solidaria de la Fundación Autor, anunciada a bombo y platillo? ¿Algún rostro amable que los represente y que hable de valores en vez de leyes? Probablemente sus gestores piensen que no tienen nada que vender. Se equivocan.

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