Por un uso adecuado del teleprompter

Hay tareas que pueden resultar sencillas de realizar si las cosas salen como se habían pensado, pero pueden ser un auténtico desastre si algo falla, en este caso la electrónica. Tareas como la lectura de un texto en el teleprompter, del que hacíamos referencia la semana pasada, son aparentemente fáciles pero hay que estar bien entrenado por si algo falla a última hora y nos deja con las vergüenzas al aire.

El teleptompter da libertad de movimientos pero no se puede depender ciegamente de él. Hay que estar preparados, con una formación previa, por si algo falla.


El teleprompter es una magnifica herramienta de comunicación que ayuda a quien la emplea a aparecer con mayor naturalidad ante una audiencia, dándole la libertad de movimientos que no da estar atado a unas notas escritas en papel para no perder el hilo del guión establecido. Claro, que hay quien no es nadie sin el teleprompter y eso no es bueno a la larga. Hay muchos ejemplos de personajes públicos a los que les falla el teleprompter o autocue, tomando el nombre de una marca comercial. Y como aún estamos en fiestas, no vienen mal unos momentos de risa para comprender que hay que estar preparados para salir airosos si las cosas se tuercen. Ahí va el primero. Se trata del presentador de la cadena Fox TV, Bill O’Reilly, que para hacer una simple despedida de un programa que estaba terminando de grabar, se coge un enfado tremendo -tacos incluidos- porque el teleprompter no va bien. Está todo en inglés pero casi no hace falta la traducción.

Como tampoco hace falta la traducción para entender que a Barack Obama, a quien ponemos de ejemplo muchas veces, también le ha fallado el autocue y no es capaz de seguir el guión establecido, al mezclarse la sorpresa de ver cómo se avería el teleprompter con sus esfuerzos por indicarle al responsable técnico que aquello no iba, llevándose los dedos de la mano izquierda hacia los ojos,.

Y como no hay dos sin tres y aprovechando la misma familia, es el turno de Michelle Obama, que se dispone a dar un discurso en San Francisco y con la mayor naturalidad posible hace bromas sobre la altura de los espejos del teleprompter, pidiendo que se los suban un poco o, de lo contrario, optaría por leer el guión escrito en papel.

Son tres ejemplos de la importancia que tiene el teleprompter pero también de lo necesario que es un buen entrenamiento en su manejo y, sobre todo, de cómo entender que no se puede depender exclusivamente de él porque es una máquina, al fin y al cabo, y como tal puede fallar.

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