Personalidad olímpica

No es la primera vez que hablamos de la candidatura de Madrid para ser sede olímpica en 2016.  Un esfuerzo titánico que a punto estuvo de venirse abajo por las críticas del Comité Olímpico Internacional a la “calidad variada” de las presentaciones de la candidatura.  Las interpretaciones a esa crítica entran ya en el campo de las especulaciones, así que puestos a especular me pregunto si no habrá habido un error por exceso. En un tema tan complejo como una candidatura olímpica, en el que se quieren mostrar todas las bondades posibles de una ciudad en concreto,  es posible que el mensaje principal se pierda en una maraña de argumentos favorables. A veces lo más difícil del mensaje es condensarlo para que llegue claro y constante.

A Madrid ’16 le falta personalidad desde el punto de vista comunicativo, o quizá sea mejor decir que le falta personalización.

Sigo en el extenso campo de las especulaciones al pensar que a Madrid  ’16 le falta personalidad desde el punto de vista comunicativo, o quizá sea mejor decir que le falta personalización.  No me estoy refiriendo a la labor de representación del alcalde Gallardón,  que es, por cierto, un excelente comunicador, sino a un rasgo que dibuje la candidatura y que empape cada uno de sus argumentos.  Atlanta se vendía sólida  y segura; Barcelona, creativa, abierta; Atenas representaba los valores clásicos, y Pekín mostraba fuerza y colorido…  Madrid ha procurado explotar  el inmenso apoyo ciudadano que tiene su proyecto y ha destacado constantemente sus comunicaciones y transportes, pero eso no define personalidad.

Definir el concepto original del mensaje, diseñar el código genético sobre el que se desarollará una marca, es la parte más difícil en branding.

Al margen de las motivaciones políticas o económicas que puedan decantar el voto de los comisarios, es posible que no sepan qué es Madrid  ’16.  ¿Alegría? ¿Eficacia? ¿Vida? ¿Amistad? Sea el que sea el valor que elijan es importante que esté presente en cada aspecto de la comunicación, en cada evento, cada slogan, cada dossier que llegue a manos del COI. Definir el concepto original del mensaje, diseñar el código genético sobre el que se desarrollará una marca, es la parte más difícil en branding y, por tanto, la que discutimos con mayor intensidad en la mesa de trabajo.

No sabemos pues cuál será el valor esencial, el rasgo nuclear, que envuelve el último golpe de efecto de la candidatura madrileña, que encomienda a una niña su defensa. Una pequeña de 12 años, con excelentes (y entrenadas) habilidades comunicativas que será la encargada de transmitir los argumentos emocionales de Madrid. Unos argumentos que a veces pueden resultar más eficaces que los puramente racionales. Precisamente de eso es de lo que estamos hablando.

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