Otra vez será

Bueno, pues al final Madrid se ha quedado sin organizar los Juegos Olímpicos de 2016, que se han ido hasta Río de Janeiro, y eso que sí parece que el equipo español que tenía que defender la candidatura en Copenhague el pasado 2 de octubre, se había estudiado bien la lección.

Había cierta uniformidad en los mensajes que la delegación española enviaba a los miembros del COI.

La delegación española tiró de caras conocidas del deporte, de un buen apoyo audiovisual, de algún que otro efecto de esos que llaman la atención, como esa carta enviada desde Madrid que recorre Europa de mano en mano hasta llegar a su destino final, Copenhague, para que el alcalde Ruiz Gallardón la pudiera leer ante los miembros del Comité Olímpico Internacional (COI). En la misiva los madrileños pedían que su ciudad fuera sede olímpica.

Una puesta en escena vistosa en ese paso final en el que Madrid se la jugaba, aunque algo aburrida porque desde el punto de vista de la comunicación, había una uniformidad tal vez excesiva en los mensajes que se enviaban a los miembros del COI.

Costaba entender donde estaba al adjetivo que calificaba a Madrid como mejor opción olímpica frente a las otras tres candidatas.

En este mismo blog, nos preguntábamos hace unas semanas cuál sería el valor esencial que envolvería el último golpe de efecto de la candidatura de Madrid; cuál iba a ser el mensaje claro, conciso, escueto si se quiere, pero que pondría un adjetivo al nombre de Madrid 2016.

Cuesta saber dónde estaba esa palabra mágica porque todo eran referencias comunes a los valores del deporte, a las bondades del olimpismo, a lo bueno que es el proyecto desde una perspectiva técnica o a la sintonía entre todas las administraciones implicadas. Sin duda, aspectos fundamentales pero algo faltos de garra, faltos de un buen espíritu de comunicación como para que los miembros del COI lo tuvieran en cuenta por encima de Río de Janeiro.

Pero pese a todo, el esfuerzo se notaba, así como el trabajo previo al 2 de octubre. Un empeño que se convertía en desilusión. Se dice de los que han estado en Copenhague que se sintieron engañados por el COI porque su presidente, Jacques Rogge, había asegurado que la rotación de continentes para celebrar unos Juegos Olímpicos no era obstáculo y que la presencia del rey Juan Carlos significaba que Madrid tenía muchas posibilidades.

¿Sería acertado decir que todo estaba acordado de antemano en el COI y que tenía que ser Río de Janeiro por encima de Chicago, Tokio y Madrid? Si así fuera, de poco habría servido el esfuerzo por plantear una buena comunicación del proyecto por parte de la delegación española.

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