La CEOE-Tenerife y su imagen pública

Una de las asignaturas pendientes entre las organizaciones empresariales es, a nuestro juicio, lograr una imagen moderna y alejada de los tópicos que acompañan en muchas ocasiones a la definición de la actividad empresarial. El recién elegido presidente de la CEOE en Tenerife José Carlos Francisco parece haberse dado cuenta de la importancia de desterrar esos tópicos que pueden desvirtuar los mensajes lanzados desde el sector empresarial a la opinión pública.

Sería fundamental conocer cuales son los estereotipos que más daño hacen a la imagen de los empresarios; muchos reflejarían una imagen más propia de los tiempos de la Revolución Industrial que de los actuales.

Para ello sería fundamental conocer cuáles son los estereotipos que más daño hacen a la imagen de los empresarios, a modo de estudio de mercado. Probablemente muchos reflejarían una imagen más propia de los tiempos de la Revolución Industrial que de los actuales, y eso impide en muchos casos que las propuestas empresariales calen con más fuerza entre la ciudadanía.

La prueba la estamos teniendo durante esta crisis, en la que los representantes de la patronal carecen de un argumentario sólido, por ejemplo, para explicar que sus propuestas para la recuperación económica van más allá del despido barato.

Si los empresarios logran articular un mensaje seductor y mejorar su imagen entre los ciudadanos tendrán más oportunidades de influir en la opinión pública.

Existe, además, un caladero de apoyos que en Canarias es particularmente importante, el de los trabajadores autónomos. Las Islas tienen un altísimo porcentaje de pequeñas empresas entre las que destacan por su número las micropymes de uno o dos trabajadores. ¿Trabajadores o empresarios? Está claro que a este sector no le sirve el discurso de los grandes inversores y tampoco el de las centrales sindicales que, simplemente, parecen haber renunciado a ellos. No entraremos a analizar si esta estrategia es adecuada o no; partimos simplemente de la realidad de que existe un sector de la población para el que habrá que elaborar un mensaje distinto al de la maniquea lucha de clases entre  buenos y malos.

Francisco parece compartir este diagnóstico vista la especial atención que dedica a este colectivo en su declaración de intenciones. Si los empresarios logran articular un mensaje seductor tendrán más oportunidades de incorporar eficazmente a este colectivo entre sus filas, y si logran mejorar la imagen entre los ciudadanos, donde los autónomos pueden servir de correa de transmisión de mensajes y opiniones, tendrán más oportunidades de hacerse entender ante la opinión pública. Adelantándonos de nuevo a una labor de auditoría que sirva de espejo que proyecte la imagen del sector empresarial entre los ciudadanos, nos atrevemos a decir que existe aún mucho desconocimiento sobre la labor que desempeñan y, probablemente, sobre el esfuerzo que representa un proyecto de empresa.

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