Notas de viaje

Camino de regreso de Venezuela. En un solo día  paso del mar turquesa del Caribe al océano verde de la selva. Es difícil poner nombre a las cosas que tienen el color de las emociones. Un problema que se resuelve según regresamos a la muy bolivariana Caracas.  Revolución, libertad, patria, poder popular… “Avanzamos hacia el socialismo” dice un cartel junto a un túnel que parece a punto de venirse abajo. “La revolución te guarda bajo techo” se lee en el mural de un bloque de viviendas en construcción. Justo encima se extienden los ranchitos de los olvidados.

Las cosas son como son, pero también como se dice que son. ¿O es que acaso alguien llegó a ver la chispa de la vida en alguna botella de cola? ¿O sintió la libertad sin límites que aseguraba una marca de coches? ¿Han experimentado acaso frescura polar mascando un chicle? Ni tan siquiera nos salen alas cuando bebemos la famosa bebida energética.  Leyendo los murales gubernamentales que se reproducen por  la inmensa Caracas recuerdo “La seducción de las palabras”,  de Álex Grijelmo. Un excelente tratado sobre la importancia del nombre que le damos a las cosas, porque la semántica transmite mensajes que van calando en nuestra percepción de las cosas. Se denomina Naming cuando se aplica a las marcas comerciales. Puede que en este maravilloso país hayan encontrado un filón para llenar de sugerentes palabras los muros más cochambrosos de la “gloriosa revolución bolivariana”.

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