La “espantá” como estrategia

Siempre hemos matizado esa frase tan mentada entre los consultores de que “el silencio no es rentable” con un “casi nunca” porque creemos que el silencio puede ser una herramienta adecuada en ocasiones. En comunicación política es importante lo que se llama “manejar los tiempos”, para decidir cuándo decir qué cosas …o cuándo no decirlas. Administrar los silencios es útil para evitar la dispersión de mensajes y por lo tanto de titulares, para gestionar el desgaste en épocas difíciles, o  cuando se pretende que una noticia muera por si misma evitando su realimentación con jugosos titulares. El equipo de comunicación que domine la agenda y consiga noticia en cada momento tendrá ganada la opinión pública para su candidato.

La estrategia del silencio no era sostenible en un día tan difícil como el martes pasado, en una situación de crisis comunicativa que exigía, en nuestra opinión, una intervención que transmitiese serenidad en medio de la zozobra.

La espantá. Todo un arte.

Sin embargo la estrategia del silencio no era sostenible en un día tan difícil como el martes pasado, en que el escenario de la opinión pública era enormemente desfavorable tras el anuncio sorpresa de un enorme recorte en sanidad y educación, la Bolsa por los suelos y la prima de riesgo por las nubes.  Una situación de crisis comunicativa que exigía, en nuestra opinión, una intervención que transmitiese serenidad en medio de la zozobra.

En un sistema plural como el nuestro hay que asumir que a veces se va a remolque de la actualidad .Hay circunstancias en las que el asesor político solo puede confiar en la intuición comunicativa de su jefe y , por qué no, en la suerte. Nada de esto se dio la semana pasada en el patinazo del presidente Rajoy ante la prensa.

Docenas de periodistas aguardaban a Rajoy con sus micrófonos por pitones, pero al presidente le fallaron los reflejos comunicativos y optó por la espantá.  Una decisión nefasta para su imagen y para el mensaje de confianza que se busca en estos tiempos procelosos.

Los que saben de toros llaman espantá a la huida del ruedo, a la salida “por patas” del albero (una acción que un tal Rafael “el Gallo” convirtió, dicen,  casi en una suerte más). Docenas de periodistas aguardaban a Rajoy con sus micrófonos por pitones, y el presidente tenía dos opciones razonables.   Afrontar la “embestida” y echarle unos capotes a los periodistas con alguna declaración contundente o quedarse en la barrera y evitar el encuentro. Pero a Rajoy le fallaron los reflejos comunicativos y optó por la espantá.  Una decisión nefasta para su imagen y para el mensaje de confianza que se busca en estos tiempos procelosos.

Todo comunica, y la imagen del presidente dando la espalda a los medios dividió a la opinión pública en dos corrientes: los que vieron en el gesto inseguridad y los que percibieron prepotencia. En un tercer grupo estamos los que “veíamos” a su director de comunicación tirándose de los pelos por una acción que estamos seguros que no le recomendó.  El gobierno ultima estos días el organigrama de sus DirCom. Hará bien en promover una exquisita coordinación si quiere que los mensajes que quiere transmitir no se distorsionen por percepciones negativas fácilmente solventables.

 

 

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