La amenaza del piche

No habría, probablemente, peor momento para una noticia de este tipo. Con las playas abarrotadas de turistas en medio de las vacaciones de semana santa un vertido de combustible llega a las costas de Gran Canaria. No se trataba de un vertido grave para el medio ambiente y probablemente se podría limpiar en pocos días. Uno de esos vertidos que llenan las playas de piche durante un tiempo y que nos hace jurar en arameo cuando pisamos esa especie de chicle alquitranado.

La amenaza reputacional estaba clara: playas sucias. A quien viene por primera vez es difícil quitarle esa imagen de la memoria, es muy probable que recuerde la parte como el todo…

Sin embargo sí estábamos ante una amenaza para la reputación de la marca destino, porque justamente ahora es cuando menos nos conviene una mala imagen asociada a nuestro principal recurso económico. La amenaza reputacional estaba clara: playas sucias. A quien viene por primera vez es difícil quitarle esa imagen de la memoria, en su experiencia vacacional es muy probable que recuerde la parte como el todo, y llegue a imaginar que todas las playas tienen problemas parecidos.

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Una amenaza para la marca-destino

¿Es el silencio la mejor estrategia en estos casos? Tal vez si, si el interés informativo no rebasa el ámbito local. Los ciudadanos de las Islas estamos acostumbrados a incidentes de este tipo cuando algún barco limpia sus bodegas en (no tan) alta mar, y sabemos que sus efectos son pasajeros.

¿Es el silencio la mejor estrategia en estos casos? Tal vez si, si el interés informativo no rebasa el ámbito local. Pero la situación cambia cuando los principales diarios de tirada nacional recogen la noticia

Pero la situación cambia cuando los principales diarios de tirada nacional recogen la noticia, o peor aún cuando los medios locales peninsulares abren sus crónicas con frases tan dañinas como “Las vacaciones de Semana Santa no están yendo bien para aquellos turistas que han elegido el sur de Gran Canaria para descansar…” . Se trata de una situación de crisis ante la que aparentemente no se ha reaccionado. O esa es por lo menos la sensación que nos queda.

Solo el Cabildo Grancanario advierte de las alarmas injustificadas pero en nuestra opinión no se lleva a cabo en su totalidad el esquema que exige la contención de una crisis de este tipo:

1-Explicar lo ocurrido.

2-Contar cómo se va a solucionar

3. Decir qué se va a hacer para que no vuelva a ocurrir.

Parece de sentido común adoptar un perfil bajo para no servir de altavoz del problema pero se corre el peligro de no atajar a tiempo un problema menor que puede parecer más grave

Por contra Cabildo y Gobierno de Canarias enganchan este asunto con un debate de alta resonancia política  como es el del petróleo en las Islas con lo que el tema podría haber alcanzado una repercusión mayor aún, cuando parece de sentido común adoptar un perfil bajo para no servir de altavoz del problema.  Pero de acuerdo con una estrategia que frene a tiempo un problema menor que puede parecer más grave en medio de la escasez de noticias propia de las vacaciones.

Llegados a este punto nos preguntamos hasta qué punto existe un protocolo comunicativo para proteger  la marca–destino ante una situación de crisis del que es, insistimos, nuestro principal recurso económico. ¿O es el silencio la estrategia más acertada?

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