Empresa abierta. ¿Es posible en Canarias?

El avance de la sociedad de la información y la comunicación no se puede parar y obliga a ponerse al día acerca de las nuevas tecnologías y de sus ventajas. Y a eso, obviamente, no son  ajenas las empresas. Este podría ser uno de los motivos del nacimiento de un concepto empresarial innovador, la empresa abierta, que puede cambiar esquemas tradicionales basándose en acciones sencillas de las que se obtiene rentabilidad.

La empresa abierta sustenta gran parte de su éxito en el valor que le da a la comunicación, tanto a la interna como a la externa. Además, cambia el concepto de jerarquía tradicional, en forma piramidal, por otro en forma de red, es decir, conectando entre sí las diferentes áreas de trabajo y, a su vez, permitiendo que éstas salgan fuera de la propia empresa para intercomunicarse con otros de los que se puede aprender. Y también,  sobre todo, para obtener beneficio en una apuesta clara, entre otras cosas, por el networking. Algo así como “yo y mi red”, concepto acuñado por Julen Iturbe-Ormaetxe, y que en Woll intentamos aplicar desde nuestros inicios, apostando por los procesos colaborativos como, por ejemplo, creando una red estable de colaboradores para el desarrollo de proyectos, participando en la fundación de grupos multidisciplinares de desarrollo en creatividad empresarial o involucrándonos en procesos de coworking en Canarias.

Empresa abierta, mentalidad abierta

Estamos en una sociedad en la que las capacidades individuales ganan valor, y esas capacidades individuales de muchos juegan un papel destacado en la empresa abierta porque en ella se puede mantener esa independencia a la vez que se forma parte de un entramado basado en las relaciones. Una ventaja, porque las empresas siempre han buscado crear relaciones de confianza con sus clientes, relaciones de pertenencia o de fidelidad, y el nuevo espacio web da la oportunidad de convertir esos deseos en realidad.

Naturalidad, sinceridad o transparencia son algunos de los valores que califican a la empresa abierta.

Y si avanzamos un paso más en el concepto vemos que como toda empresa, la abierta también debe generar unos beneficios para seguir funcionando. Y para generarlos debe ser competitiva, con unos servicios o unos productos a la altura. ¿Y qué los diferencia? Pues la interconectividad, porque ella puede convertirse en ese espacio abierto en el que tienen cabida la conversación, la naturalidad, la sinceridad  o la transparencia, valores de los que surgen ideas y proyectos que redundan en provecho de la empresa. Así pues, no es de extrañar que compañías como Google tengan claro que los sistemas abiertos tienen todas las de ganar.

"Yo y mi red"

Quienes  más han reflexionado sobre la empresa abierta emplean conceptos nuevos como coopetidores, agentes externos con los que también se puede colaborar. Esto significa que a lo mejor hay que replantearse objetivos y, sobre todo, los tiempos para conseguirlos, porque la empresa abierta, en función de esa colaboración, debe marcarse metas a más largo plazo.

Lo que está sucediendo es que para que funcione debe compartir información, con sus propios empleados y con sus clientes. Y debe hacerlo aprovechando, por ejemplo, blogs y redes sociales. De inmediato se produce una retroalimentación, un feedback, que hace que la relación gane terreno dando lugar a un hábitat colaborativo.

Se genera competitividad porque quienes participan en la empresa son libres para contribuir a sus fines desde sus motivaciones personales.

Si se quiere, hay un componente romántico en la motivación, porque tiene menos que ver con lo monetario y más con la integración en un proyecto, con el afán de mejora personal, con el trabajo bien hecho. Y así cobran valor conceptos como creatividad, innovación, lealtad, confianza, singularidad… Se genera competitividad porque las personas que participan en el proyecto se dan cuenta de que tienen la libertad de contribuir al mismo desde sus motivaciones personales.

Pero en Canarias, ¿cómo está entrando esta nueva filosofía empresarial? Aún no hay datos que avalen cómo se acepta esta corriente o, mejor, qué resultados se obtienen de su aplicación, pero lo que es indiscutible es que un mercado como el canario no debe ser ajeno a esta tendencia porque necesita aumentar su competitividad en el menor plazo posible. Si se quiere ser optimista, a lo mejor sí se puede echar mano de una cifra, la del Indicador de Confianza Empresarial (ICE) que elaboran las Cámaras de Comercio canarias, que dice que van seis trimestres seguidos de avances y que en el último subió más de siete puntos, aunque sigue estando en el -10,1. Esto debe verse como un esfuerzo de los empresarios de las Islas por remontar la crisis, decantándose por nuevas formas de gestión, porque en los tiempos que corren el riesgo de apostar por el cambio es el mismo que el que se asume siendo continuista. ¿Quién diría entonces que la aplicación del concepto de empresa abierta no ayuda?

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