Elecciones en el Reino Unido: Los debates sí importan.

Ya pueden ir los que aseguran que los debates electorales no sirven para mucho a contárselo a Nick Clegg, el candidato del Partido Liberal Demócrata en el Reino Unido, que se ha convertido en una seria opción al bipartidismo entre conservadores y populares gracias a un debate. O más bien a dos, porque en el segundo de los tres debates que tendrán lugar antes de las elecciones de mayo, ha demostrado que la excelente impresión que generó en el primero no fue un espejismo y que ha entrenado bien sus habilidades de comunicación.

Tres candidatos bien entrenados

Tres candidatos bien entrenados.

En Woll solemos decir que las habilidades comunicativas son comparables a las que tengamos, por ejemplo, para el atletismo. Hay condiciones innatas mejores que otras pero si entrenamos bien siempre podremos mejorar nuestros resultados. Siguiendo este paralelismo, Clegg parece un excelente atleta que además ha sudado la camiseta… comunicativa. En todo caso, la novedad de Clegg no puede ocultar las excelentes mañas de David Cameron y los enormes esfuerzos que habrá tenido que hacer Gordon Brown para ponerse a la altura de sus contrincantes para transmitir su mensaje de la mejor manera.

Clegg comenzó su intervención mirando directamente a los ojos del espectador, sin titubeos y con confianza. Cameron estuvo a la altura aunque algo más dubitativo, mientras que Brown miraba a los lados continuamente.

Veamos algunos detalles de estos debates. Creemos que hay una clave de la que Clegg supo sacar ventaja: en cualquier intervención televisiva a nivel político hay que saber cuándo dirigirse al público de la sala -si lo hay-, cuándo al rival y cuándo a la cámara. Clegg comenzó su intervención mirando directamente a los ojos del espectador, dirigiéndose a la cámara sin titubeos y con confianza. Cameron estuvo a la altura aunque algo más dubitativo, mientras que Brown miraba a los lados y a sus papeles continuamente, lo que restaba fuerza al mensaje. Pero Clegg supo alternar, contestó con cercanía a las preguntas del público, desafió a sus oponentes dirigiéndose a ellos en distintas ocasiones y reforzó los mensajes positivos con expresiones alegres aunque sin sonreir abiertamente. Aparentemente cómodo, aparentemente relajado…

Otro detalle a su favor, en nuestra opinión, fue el movimiento de las manos,  aunque la ortodoxia comunicativa exige en este tipo de intervenciones muchísima moderación con los gestos, que se convierten en aspavientos con enorme facilidad. Desde esta ortodoxia Cameron hizo mucho mejor trabajo, sus movimientos fueron fluidos, sin brusquedades, mostrando continuamente las manos abiertas. Clegg se permitió incluso el lujo de meterse la mano en el bosillo, pero en esta ocasión esa “audacia gestual” le sirvió para marcar diferencias con Cameron.

La novedad de Clegg hace que no se le catalogue como un político del sistema  y podría generar una corriente de simpatía similar a la del candidato Obama, porque en tiempos de crisis, generar ilusión es oro puro.

Sólo el efecto Clegg pudo eclipsar al conservador David Cameron, al que muchos daban hace sólo una año como seguro sucesor de Brown, aunque las encuestas hoy muestran mucha más igualdad.  Pudo verse a un Cameron muy seguro en  las respuestas al público, mirando a sus interlocutores, tratando de transmitir seguridad al electorado que aún desconfía de alguien que pudiera convertirse en el primer ministro más joven de los últimos cien años. Adoptando otra actitud -tal vez por eso le dieron como perdedor- estaba el actual primer ministro, más dado a demostrar que no escuchaba a sus rivales porque fue el que más interrumpió y el único que lanzaba miradas a ninguna parte en muchas de sus intervenciones, obviando incluso al público que llenaba el estudio.

En conclusión: tras los dos primeros debates podemos hacer los primeros análisis de marca, en torno al mensaje que transmiten en esencia los tres candidatos. Sin entrar en el contenido literal de sus propuestas electorales, ni en las posibilidades reales que tengan los tres candidatos, podemos decir que Cameron tiene un serio problema, porque en dos días de debate  le acaban de robar la bandera de la renovación y lo que es peor, la de la ilusión. La novedad de Clegg hace que no se le catalogue como un político del sistema  y podría generar, si sabe aprovecharlo, una corriente de simpatía similar a la del candidato Obama hace casi dos años,  porque en tiempos de crisis, generar ilusión es oro puro para cualquier candidato. A los ojos de muchos electores, el de Clegg es el partido más débil, el que se enfrenta a los colosos partidos mayoritarios y les planta cara, y el que dice que todo puede cambiar. Fue él quien cerró el segundo debate, y quien, mirando fijamente a la cámara,  pronunció una frase que probablemente les suene de algo: “No hagan caso a quienes les digan que las cosas no pueden ser de otra manera… Sí pueden serlo”.  Casi imperceptiblemente , dos candidatos a las elecciones de mayo en el Reino Unido tragaban saliva.

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