El riñón de Apple.

En las charlas de sobremesa de este fin de semana más de uno ya conocía la historia del pobre adolescente chino que vendió un riñón a cambio de…un i-pad 2 y un ordenador portátil*.  La noticia recorre la Red como la pólvora explicándola prácticamente con las mismas palabras.El titular no habría llamado tanto la atención si rezara: “Vende un riñón por 2200 euros”, hay de hecho otras noticias en la web que hablan de ventas de órganos por distintos precios, pero a efectos periodísticos el gancho es lo que se compró con ese dinero. La cuestión que nos planteamos ahora es si esta noticia que está recorriendo el planeta afecta de alguna manera a la marca en cuestión, esto es a Apple.

Entre los protocolos de comunicación de crisis conviene ir chequeando como medida preventiva cualquier noticia relevante y también cualquier rumor que en la Red pueda alcanzar un enorme impacto en muy poco tiempo por muy falso que sea.

 

Los protagonistas: El ipad, el riñón y el dueño de ambos.

La primera reacción,desde luego, podría ser favorable : No puede ser malo para la marca que el mensaje que está recorriendo la Red es que un i-pad es un objeto valiosísimo por el que alguien está dispuesto a pagar, literalmente, un riñón. Pero convendría que estuviesen atentos los responsables de gestionar la marca porque en un momento el asunto se les puede volver en contra y provocar una situación de crisis comunicativa.

Prevenir es curar, así que ¿por dónde empezaríamos? En primer lugar conviene comprobar la veracidad de la información. No sería la primera vez que se colase un bulo de este tipo, un hoax lo llaman los ingleses, o una especie de leyenda urbana entre la noticias de los medios considerados serios. Entre los protocolos de comunicación de crisis conviene ir chequeando como medida preventiva cualquier noticia relevante y también cualquier rumor que en la Red pueda alcanzar un enorme impacto en muy poco tiempo por muy falso que sea. Tienen las leyendas urbanas un grado de viscosidad tan grande en el ideario colectivo que ni siquiera los datos y los desmentidos consiguen desterrarlas. Vuelven a surgir una y otra vez.

En Estados Unidos debe haber ya un grupo de indignados y activos ciudadanos dispuestos a criticar duramente a la compañía que observa impertérrita como un menor de edad se deja extraer un riñón para entregarse a la moda del momento.

Convendría ir observando también las reacciones ante esta información por parte de los prescriptores más influyentes. En Estados Unidos debe haber ya un grupo de indignados y activos ciudadanos dispuestos a criticar duramente a la compañía que observa impertérrita como un menor de edad se deja extraer un riñón para entregarse a la moda del momento que, y aquí llega la crisis comunicativa, realmente no es para tanto. Los expertos empezarán a comparar los productos con la competencia y muchos recomendarán estos últimos para no caer en la trampa de las modas.

Es posible incluso, siguiendo en el territorio de las hipótesis, que alguna marca lo suficientemente agresiva, prepare una campaña de sus productos por los que, a diferencia de Apple, no te van a cobrar un riñón. Otro flanco expuesto.

Y por último convendría situarse en el peor de los casos, que el joven quede gravemente incapacitado o incluso muera.  En este supuesto la compañía puede parecer insensible a los padecimientos de ese muchacho que dio la vida por uno de sus productos y ante el que nadie movió un dedo. Y ya ven queridos lectores que de repente hemos pasado de un escenario ideal con la marca revalorizándose en boca de todos a otra en la que su reputación corre peligro.

No estaría de más que Apple remojase las barbas en las experiencias de otras marcas importantísimas que estuvieron a punto de morir de éxito como en el caso de McDonalds.

No estaría de más que Apple remojase las barbas en las experiencias de otras marcas importantísimas que estuvieron a punto de morir de éxito como en el caso de McDonalds. No se sabe de nadie que vendiese un riñón para comprase una Big Mac pero si de muchos que casi se dejan el hígado y la salud por comerlas en exceso. Nadie se había querellado contra un restaurante italiano por comer demasiadas pizzas pero sí contra unas hamburguesas que provocan, según sus detractores, adicción. La marca tenía un índice de conocimiento tan grande que quedaba expuesta ante cualquier noticia sobre salud y hábitos alimenticios perjudiciales. De hecho nuestra conciencia colectiva identifica el sobrepeso de los estadounidenses con su afán por comer hamburguesas y las hamburguesas son, por supuesto, McDonalds.

Y ahora la pregunta del millón ¿De qué marca son las “hamburguesas tecnológicas” más apetitosas? Elemental, querido Jobs.

(*)Por cierto… ¿A nadie le ha dado por preguntar de qué marca era el ordenador portátil?

 

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