Comunicación para abogados

Hace unos días hablábamos con un amigo periodista, especializado en la información de tribunales y que, por lo tanto, suele asistir a muchos juicios durante todo el año. Nos contaba que, con frecuencia, no entendía lo que decían muchos abogados a lo largo del juicio y sospechaba que, en ocasiones, los jueces tampoco. No es que no acertara a distinguir una calificación procesal de otra, o la tipificación de un delito más o menos compleja, era simple y llanamente que no entendía lo que el abogado quería decir.

El personaje de Atticus Finch. Un as de la comunicación.

Es un problema para el cliente de un letrado que sus alegaciones no sean entendidas por el juez,  pero la situación puede ser aún peor cuando esas alegaciones se producen ante un jurado…

Desde luego es un problema para el cliente de un letrado que sus alegaciones no sean entendidas por el juez,  pero la situación puede ser aún peor cuando esas alegaciones se producen ante un jurado, que normalmente no sabe de leyes y ante el que, probablemente, habrá que emplear distintos argumentos para persuadir a sus miembros.

Puede que a muchos les parezca que la mejor impresión que puede dar un abogado es hablar mucho,  cantidad antes que calidad, lo que les lleva a pasarse una hora aburriendo al personal y, por supuesto, al juez, exponiendo lo mismo que ya venía consignado en los escritos de demanda o contestación.

Otros se refugiarán en un mar de datos procesales y artículos leídos de carrerilla para no tener que enfrentarse al hecho de hablar en público. El caso es que en cualquiera de esas situaciones están desperdiciando una herramienta a su disposición que es el complemento perfecto de un buen conocimiento de la ley: una buena comunicación.

Es curioso, más bien incomprensible, que en toda la carrera de Derecho no haya ni una sola asignatura que ayude al profesional a expresarse adecuadamente.

Es evidente que será la prueba o la aplicación estricta de la norma la que, en la mayoría de los casos, decida el sentido de un proceso judicial, pero el desarrollo de un juicio puede ser muy extenso y a lo largo del mismo surgirán dudas y habrá pruebas que se deban someterse a interpretación. ¿No influirá en esos casos una buena impresión y una argumentación clara a favor de los intereses de quien esgrima unas habilidades comunicativas más entrenadas?

Es curioso,  más bien incomprensible, que en toda la carrera de Derecho no haya ni una sola asignatura que ayude al futuro profesional a expresarse adecuadamente, a persuadir a un tribunal o a un jurado con algo más que enunciados legales y jurisprudencia. No se entiende que el abogado en ejercicio tenga que esperar a terminar la carrera para empezar a complementar su formación en habilidades, dado que en su Facultad nadie le ha hablado de la importancia de expresar sus argumentos de forma concisa y comprensible, de aprender a memorizar un alegato,  de apoyar con sus gestos lo que dicen sus palabras, de resultar convincente gracias a una buena primera impresión, de saber escuchar a sus clientes e interpretar qué es lo que quieren decir y adaptarse a sus necesidades…

¿Cuál de estos abogados le produce una mejor impresión?

Ya lo hemos dicho en otras ocasiones, y se lo escuchábamos incluso a divulgadores de la talla de Eduardo Punset: la educación basada en conocimientos debe complementarse con el adiestramiento en habilidades, y entre éstas, las comunicativas son de las que más ventajas pueden extraerse a corto plazo.

Una herramienta tan importante debería introducirse en los planes de estudio de una carrera en la que son fundamentales la comunicación y la persuasión.

Unas ventajas que van más allá del abogado en un juicio y se extienden, por ejemplo, al perito que nos respaldará ante una prueba pericial y que puede resultar más creíble que el de la parte contraria, gracias a una mejor exposición de sus ideas o una mayor seguridad en su explicación. Por no olvidar que el abogado, en estos tiempos que corren, no puede esperar sentado en su despacho a que lleguen los clientes. Debe saber cómo “proyectar” profesionalidad para transmitir confianza. Es como la mujer del César, no sólo deben ser buenos en su trabajo , tambien deben parecerlo.

En definitiva, creemos que una herramienta tan importante debería introducirse en los planes de estudio de una carrera en la que  son fundamentales la comunicación y la persuasión. Aunque puestos a pedir, y como cinéfilos que somos algunos,  no estaría mal tampoco que con la matrícula nos diesen una lista de películas imprescindibles de un género que ha dado en llamarse drama judicial. ¿A quién habrían convencido esos abogados de cine sin levantar la mirada de unos papeles?

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