Buenas noticias para la marca España

No es la panacea, pero en estos tiempos en que la confianza que logremos transmitir al exterior es vital para salir del atolladero en que andamos metidos, la marca España se presenta como herramienta imprescindible. El sello que logremos imprimir a nuestra imagen de país va a impregnar a todo lo que queramos vender fuera de nuestras fronteras, y aunque ya hemos defendido la importancia de la autoestima entre los ciudadanos como paso imprescindible para generar confianza, tenemos que celebrar al menos dos buenas noticias sobre nuestra imagen en el exterior.

El Reputational Institute se encarga de medir la reputación de los países. En la clasificación de este año nuestro país aparece en el puesto 16. Exactamente el mismo que el año pasado.

El Reputational Institute como habrán adivinado,  se encarga precisamente de medir la reputación de los países entre los ciudadanos de los integrantes del G-8, los ocho países más ricos del planeta. No es un mal mercado ante el que lucirnos. En la clasificación de este año que acaban de hacer pública nuestro país aparece en el puesto 16º. Exactamente el mismo que el año pasado. No nos negarán que tiene mérito mantener una percepción en general positiva, después de un año en que hemos servido de ejemplo a tres candidatos presidenciales (Sarkozy, Romney y Obama) sobre cómo no hay que hacer las cosas, y hemos visto a la prensa internacional cebarse con la imagen de un país asomado a un contenedor de basura (si atendemos al New York Times).

La imagen es sesgada, pero muy dañina.

Nuestra percepción exterior aún sabe mejor si la comparamos con colosos como Francia, un escalón por debajo de nosotos, o con la caída notable de Italia y Grecia en la misma lista. Así que hay una base de marca en la que apoyarse, incluso ahora, y tal vez convertir en fortaleza la tan mentada debilidad actual de nuestra economía.

En países que lo han jugado todo a la carta de la productividad se empieza a resentir la confianza internacional. China galopa sobre un mercado enormememente productivo pero cada vez más desprestigiado

Como ejemplo la segunda noticia que destacamos, que tiene que ver con el traslado de la producción de un coche desde Bélgica a Valencia, donde de repente es más rentable construirlo. No valoramos los sacrificios laborales de miles de trabajadores para que esto sea así sino el mensaje, fácil de elaborar dadas las circunstancias, de que ahora España es un productor competitivo.  Uno de los aspectos que hay que ligar a la marca de nuestro país para atraer inversiones. Pero todo ello sin perder de vista la fiabilidad y la calidad.

Una etiqueta que se deteriora

De hecho en países que lo han jugado todo a la carta de la productividad al menor precio se empieza a resentir la confianza internacional. China galopa sobre un mercado enormememente productivo pero cada vez más desprestigiado en el que su economía crece al mismo tiempo que la desconfianza en sus productos.  No hay imagen que resista un titular tan duro como el que leíamos en el periódico El País hace unos días: “Diarrea china en la UE“. Hasta la más sofisticada tecnología puede quedar contaminada por el made in China a poco que sus dirigentes sigan descuidando esa reputación de marca-país que España, al menos sobre el papel, persigue con ahínco. Por cierto, en cuanto a reputación, China ocupa el puesto 50,…de 57.

 

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