Adiós a Edward Hall

La verdad es que ni siquiera conocía su aspecto. Es más, no sabía que hasta hace apenas un mes aún vivía, hasta que me encontré con su obituario en un periódico de tirada nacional. Edward Hall era sólo un nombre, una referencia que se repite constantemente cuando se estudia el lenguaje no verbal. Pero era la referencia principal.

Hall fue el primero en preguntarse por qué curioso mecanismo del comportamiento humano muchas culturas son capaces de entenderse por señas , sin utilizar las palabras, aunque nunca hayan tenido contacto.

Hay autores que creen que el 70 por ciento de una conversación se transmite por la imagen y por los gestos.

Cierto es que en la India mueven la cabeza negativamente cuando quieren decir si, y el revés para decir no, pero si queremos mostrar alegría o respeto o que estamos muy agradecidos, es casi seguro que nuestro interlocutor nos comprenderá por muy indio bengalí que sea.

Hall estaría orgulloso...

Hall estaría orgulloso...

Hall plasmó sus estudios en un libro: El lenguaje silencioso, que muchos consideran una continuación de los estudios de Darwin en esta materia. En él busca y analiza gestos universales y se da cuenta de la importancia que tienen a la hora de transmitir el mensaje. Hay autores que creen que el 70 por ciento del mensaje de una conversación se transmite por la imagen y por los gestos, no por la palabra. Será por éso que no me gustan los chats.

Hall observó que el espacio vital también es cuestión de culturas.

Hall se dio cuenta también de otro aspecto importante de la comunicación: el espacio. ¿No se han fijado en que hay gente que se acerca mucho al hablar y otras que parecen demasiado lejanas?. En La dimensión oculta Hall observó que el espacio vital también es cuestión de culturas:  un árabe siempre  hablará más de cerca que un americano, mientras que a un japonés le parecerá que los españoles estamos invadiendo constantemente su espacio vital. Para ellos nos acercamos demasiado y hasta llegamos a tocarnos. Inconcebible, en Japón claro.

Los que nos dedicamos al mundo de la comunicación le debemos mucho a Hall. Despidámosle como se merece. En silencio y agitando la mano.

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