Hay marcas tan buenas que mueren de éxito. Son logos que por el tiempo que llevan asociados a una marca o porque han calado rápidamente en la conciencia popular pueden llegar incluso a ser contraproducentes para el producto que representan. La cuestión que planteamos es que las marcas con éxito pueden dejar de pertenecer a la empresa que las promueve.
A veces la marca es tan fuerte que se desvincula incluso del producto que, en teoría, debería promocionar. Muere como marca y se transforma en icono.
No siempre es un fenómeno negativo. Pensemos en el toro de Osborne que ha pasado a formar parte del acervo cultural de un país, el nuestro, al que se identifica con ese toro observándonos al borde de la carretera. Sin embargo, la marca es tan fuerte que se desvincula incluso del producto que, en teoría, debería promocionar. ¿Quién piensa en brandy cuando ve el famoso astado? Pocos. Sin hacer encuestas podemos apostar que a la mayoría le vendrán a la mente imágenes que tengan que ver con España o, incluso, con carreteras. La marca muere como tal y se convierte en icono. Muere de éxito.

- El toro… ¿de quién?
