100, 101…

No nos habíamos dado cuenta hasta que nos sentamos a escribir un nuevo post. Llevamos 100 desde que comenzamos con este proyecto de compartir reflexiones sobre la comunicación estratégica a través de nuestro Woll-Lab. Y tampoco es que importe demasiado la cifra, la verdad ¿Qué diferencia al 100 del 99 o del 45, que vaya usted a saber ahora cuál fue? Es verdad, no va a pasar nada por llegar al centenar de artículos escritos, pero el cuerpo nos pedía hablar de ello. A los que nos gusta subir montañas, por pequeñas que sean, nos da por parar y echar un vistazo en algún momento de la caminata. Paramos, apoyamos la mochila en una piedra, inspiramos profundamente y, con el requisito indispensable de poner los brazos en jarra,  observamos el paisaje.

Nuestra montaña.

Cien. Es un número que vende, moldeable, sonoro, evocador…

Es un momento que nos regalamos porque nos sabemos merecedores de él, después de mucho esfuerzo; es el momento en que somos conscientes de lo que hacemos y por qué.  Como el caminante, miramos el paisaje a nuestros pies sorprendidos de haber avanzado tanto desde aquel primer paso, pero conscientes de lo que aún queda por recorrer… o no. Cien. Es un número seductor, moldeable, sonoro, evocador… Ciento volando, todo a cien, a cien por hora, ciento por ciento, de cero a cien, cien años de perdón, cien años de soledad, cien gaviotas… Así que disculpen este pequeño vistazo a nuestro ombligo, esta bocanada de aire en que convertimos este post para seguir adelante con un buen puñado de amigos que de vez en cuando nos acompañan. Es hora de continuar la marcha,  y miren por donde este post es ya el 101. Habrá un 102, ya lo verán.

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